Las flores de la cibernética arquitectónica

Arquitectura_adaptableFotografía y texto publicados en: Revista La Brújula Nº 20, ISSN 1909-5201. Agosto de 2009.

Los seres humanos somos criaturas flexibles y adaptables, así nuestra arquitectura y ciudades demuestren lo contrario. 
Ricardo Franco.

Nunca hemos tenido ojos tan pacientes como para apreciar la respuesta de las plantas a los cambios químicos o energéticos del ambiente, tampoco disponemos del tiempo para hacerlo, pero, en algún punto ¿hemos pensado en que nuestros espacios podrían tener tales calidades estructurales y plásticas?; no lo sé por que la costumbre nos hace dar tumbos de ciego por la vida, nos hace olvidar el origen, nos hace perder lo único que traemos a esta existencia.

Sentado en un lugar que tiene aire a algún escenario maquinal de Tim Burton charlo con un personaje que sonríe y se frota la cara cuando le pregunto sobre el objetivo fundamental del trabajo que realiza el grupo de investigación “estructuras adaptables”, a lo que responde con: la arquitectura debe dar cuenta del momento histórico, por ende debe responder a los nuevos modelos que derivan de la comunicación de masas, el hogar como sitio de trabajo y la economía mundial, por tanto la arquitectura no puede continuar proyectándose con las premisas del siglo pasado, debe acomodarse a las necesidades del entorno y del hombre actual.

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La introspección del maestro Dicken

steve_serrano_dicken_castroFotografía y texto publicados en: Revista La Brújula Nº 17, ISSN 1909-5201. Marzo de 2009.

Es una mañana tranquila y el sol taladra los cristales de los apartamentos al norte de la ciudad; al abrigo de una sala llena de recuerdos y obras de arte, la cual se halla hábilmente cortada por una inmensa biblioteca encontramos al maestro Dicken Castro que con un ademán de alegría nos ofrece asiento en su casa. Como todos sabemos, el maestro ha sido durante bastantes años un icono, pionero y contribuyente activo del progreso en el área del diseño Colombiano.

Graduado como arquitecto de la Universidad Nacional, el maestro se considera privilegiado por haber ocupado la ciudadela universitaria entre tan pocos alumnos y recuerda de una manera animosa una anécdota que le contaron aunque ignore si fue real, el maestro Dicken comenta que era jefe de tropa de unos boy scouts que salían con mucha frecuencia a hacer sus peregrinajes y en una ocasión alguien le dijo que se había perdido un pequeño boy scout; como era su deber salió en busca del niño hasta recuperarlo “y era nada menos que Rogelio Salmona”, añade con una gran sonrisa.

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