El trazado de la piedra

Texto publicado en: Revista La Brújula Nº 18, ISSN 1909-5201. Abril de 2009.


Es todo un carnaval de almas difuminado

como la escarcha de una marea helada,

es la estrella de plata virgen espantando

a todo mal y engendro, una cruz cuadrada.

 

Como la bella noche y su luminiscente

luna acorazada, un ángel de cristal

envidia de el ardiente sol, inminente

terror del viajero solitario.

 

Lo se, ardo en momentánea ansiedad

y me resumo en los granos de arena

que arremolina el viento, entre esos

manglares de concreto y sus memorias.

 

Que cada concepto germine suavemente

ante tus claros pies, tibio río de amatista;
en estas horas desesperadas agitas mis venas,

desarticulas mi voz, solo me desvanezco.

 

El día y sus engranajes son fieles a lo bello,

pero la noche es sublime y eterna; morir,

resulta muy adecuado y sencillo, cuando

se sufre a manos de un cataléptico reloj.

 

La humana esperanza se pierde en las riberas

de un mundo efímero, de corazón desértico;

yo he decidido caminar por la maraña de tus

pensamientos mas absurdos, perderme en el tiempo.